Sensaciones compartidas

Cómo saber que algo te apasiona…

Podemos tener muchas preferencias durante diferentes etapas de la vida, en las que unas se vuelven más recurrentes cada vez y cada vez más, hasta el punto en el que se vuelven parte integral de su mente y proceso de toma de decisiones, incluso inconscientemente tendemos a apuntar nuestros esfuerzos para avivar lo que se define como una pasión.Pasiones pueden haber a cualquier cosa pero en lo que a nosotros compete aquí nos encontramos leyendo estos párrafos porque tenemos una pasión común por el vino. Y como no tenerla si el vino ha sido protagonista de nuestra historia desde hace miles de años y desde aquel entonces ya se habla de conocer su calidad. Con ese contexto, aparte del agua, esta bebida ha venido acompañando un sinfín de historias desde las más personales hasta las que políticamente han cambiado el curso de la humanidad. Y así como hay incontables historias junto a una copa de vino, hay experiencias que pueden tener giros inesperados al llegar un nuevo sabor a nuestros sentidos. ¿y porque al hablar de vino hablamos de los sentidos y no solo de tomar? Pues muchos ya conocen el ritual que ahora se hace para avivar, las características de esta mágica bebida. Más allá de la acción mecánica de ingerirlo,  empezamos por mirar su color mientras se desliza desde un decantador o su misma botella hasta que cae idealmente en una copa de cristal, para poder admirar las infinitas tonalidades que pueden tener tintos o blancos… sujetamos la copa, sentimos su silueta, se recomienda sostenerla por el tallo para preservar su temperatura y que sea más fácil oxigenarla al hacer movimientos concéntricos que liberen todo su aroma y luego con sutileza nos acercamos a oler esa mezcla de recuerdos que llegan a nuestra mente conforme su fragancia ingresa a través de nuestra nariz y empezamos a distinguir uno a uno vainilla, frutos rojos, fresa, madera, tierra, humo y así la lista se extiende conforme hayamos practicado esta actividad. Hasta aquí no hemos probado una sola gota y ya intervino el sentido de la vista, el tacto y el olfato… Ahora escuchemos que notas nos trae el vino al chocar copas y escuchar esas historias de felicitación, de alegría, de éxito, de victoria, de buenos augurios que vinieron y esperamos que sigan llegando; así hemos preparado el camino ideal para tomar el primer bocado del néctar que anhelábamos y se da esa explosión de sabores mientras sentimos su temperatura perfecta no deja de darnos sabores que pueden coincidir con los aromas que sentimos o simplemente entregarnos revelaciones inesperadas y a cada bocado pueden cambiar y con el tiempo y la oxigenación pueden evolucionar y si mezclamos con algún tipo de alimento… pues hablaremos del maridaje en otra publicación… mientras tanto seguiremos disfrutando de este impresionante vino Catalina, una maravilla que nos brinda Santa Ema desde su presentación y a cada bocado que lo disfrutamos con moderación… y tú… ¿ya compraste el tuyo?